Por Isak Haras


Benjamín Franklin, pilar de la construcción institucional de los Estados Unidos, alguna vez dijo que en este mundo, solo hay dos cosas ciertas: la muerte y pagar impuestos. Mientras que la muerte es un proceso biológico naturalmente ineludible, los impuestos son meramente una convención social, originalmente planteada para saldar los gastos de interés común, pero hoy en día, utilizados para cientos de otros propósitos, de los cuales muchos son cuando menos polémicos. Los impuestos en general, tienen cuatro elementos, sujeto, objeto, base, y tasa o tarifa. En otras palabras, a quién le cobras, por qué cobras, cuál es el punto de partida para calcular lo que cobras y concretamente, cuánto cobras como Estado. El objeto es normalmente el más irracional de estos elementos, porque es complicado definir qué tipo de actividades o circunstancias generan un pretexto válido para quitarle a la gente dinero sin su consentimiento.

         Ahora bien, existen diversos objetos tributarios, como los ingresos totales de una persona (impuesto sobre la renta), el nivel de consumo (impuesto al valor agregado), y en México, existe un particular impuesto controversial que sirve para dejar fondos en las arcas de las entidades federativas: el impuesto sobre la nómina (ISN). Sin entrar a cuestiones técnicas, el impuesto sobre la nómina es aquel que se cobra a los patrones, en función de cuánto les pagan a sus trabajadores. Normalmente, cada entidad cobra el equivalente a entre 2% y 4% de lo que los patrones pagan a sus trabajadores. No parece demasiado gravoso, pero genera efectos sumamente negativos para la economía del país.

         Y entonces, ¿cuáles son los problemas del impuesto sobre la nómina? Primero, es una finalidad legítima del Estado contar con una alta tasa de empleo, y que este obtenga buenas remuneraciones, además de que se cumplan las prestaciones laborales prescritas por la ley. Cobrar impuestos por contratar o pagar mejor a tus trabajadores implicará que los patrones se sientan inclinados a contratar menos trabajadores, a pagarle menos a sus trabajadores, y en algunos casos, a preferir la contratación de trabajadores por la vía informal, ya que esto evitará el pago de impuestos y de prestaciones laborales. Entonces, el impuesto sobre la nómina tiene incidencia negativa sobre la tasa de empleo, y también sobre cuánto quieren pagar los empleadores a sus trabajadores. El impuesto sobre la nómina cobra fondos que las entidades podrían necesitar, pero el objeto de este impuesto genera demasiados problemas, y requiere alternativas mejores.

         Existe una concepción errónea de que el ISN es un impuesto progresivo, porque únicamente lo pagan los patrones, que según la lógica, deben ser personas con mayores recursos económicos. A nivel cuantitativo, se podría interpretar que el ISN es progresivo, pero la progresividad y la regresividad tributarias no deben únicamente ser cuantitativas, sino también cualitativas. Y es que aunque el pago del ISN recaiga sobre el patrón, perjudica las condiciones de vida de los trabajadores en el agregado nacional, fomentando los malos salarios, la contratación de menos personal del necesario por las empresas (lo cual tiende a generar explotación de los trabajadores contratados, que se sobresaturan porque el patrón se niega a contratar más personal), y la informalidad laboral, que es nugatoria de los derechos de trabajadores. Además, esto obstaculiza el crecimiento económico, por el golpe a la productividad. En efecto, el trabajador no paga impuestos, pero definitivamente “paga” el impuesto.

         Afortunadamente, existen alternativas para que las entidades no pierdan todos sus fondos, sin requerir un impuesto tan problemático. Por ejemplo, en el caso de la Ciudad de México, ¿cuánto podría recaudar si realmente cobrara las multas de tránsito por los cientos de miles de infracciones cometidas diariamente, o por violaciones a reglas de disposición de residuos? De esa forma, no solamente se elimina una contribución perversa, sino que la recaudación pública se vuelve meritocrática, y genera buenos incentivos institucionales para que la gente sea cumplida. Hay una necesidad urgente de elegir de mejor manera los objetos de las contribuciones, y el ISN es un ejemplo de cajón sobre lo que no se debe hacer para recaudar ingresos públicos, porque ignora el panorama más amplio de los daños que puede causar.

Isak Haras: Pasante con carrera terminada en proceso de titulación, en Derecho y Relaciones Internacionales, originario de la Ciudad de México, con práctica en los sectores de atención jurídica corporativa y regulatoria, ex-ITAM (2016-21).