Por Isak Haras

¿Te has quedado tan tarde en la oficina, que a cierta hora, temes que aparecerán fantasmas? En México, los fantasmas del trabajo se vuelven amigos con los que quedamos de ir por un café, por todos los días que trabajamos hasta tarde. El derecho laboral en México ha buscado proteger de forma enfática a los trabajadores, incluso tal vez excesivamente, pero en la práctica, sirve de muy poco para los derechos más básicos. Uno de ellos es la jornada de trabajo en México: legalmente un máximo, ocho horas diarias, siete horas nocturnas o siete y media en jornada mixta. Las horas extras se pagan al doble por las primeras nueve semanales, siendo estas obligatorias si el patrón lo solicita, y las siguientes no son obligatorias, pagándose al triple.

         En la realidad, los mexicanos trabajamos muchas más horas de las que legalmente deberíamos, y en un enorme número de ocasiones, no solo no se pagan al doble o al triple, sino que no se pagan en lo absoluto. Sí, trabajamos como esclavos unas cuantas horas del día. Estudios recientes de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) indican que México es el país miembro con el peor balance entre vida laboral y vida personal. Cerca de un 27% de la población trabajadora en México labora más del límite semanal de 48 horas. Se han introducido numerosas disposiciones en la Ley Federal del Trabajo, y otras como la NOM-035, sobre riesgos psicosociales de los trabajadores, ante el síndrome conocido como burnout. Nada de esto ha sido suficiente, porque la ley cambia, pero la cultura no, y la ley no se hace cumplir.

         Es muy común observar contratos laborales en los que se establece que el trabajador no puede ampliar sus horarios de trabajo discrecionalmente, y esa es una protección contra la obligación de pagar horas extras. El problema radica en que la mayoría de los empleadores no piden a sus trabajadores que amplíen sus horarios, sino que les asignan trabajo para el cual la jornada legal es insuficiente. Por supuesto, también es habitual que se pida trabajo adicional de forma informal, y no solo en casos excepcionales. Los mexicanos somos en general, gente laboralmente responsable; nos importa preservar nuestros empleos, y aceptaos estas circunstancias, no queriendo quedar mal, y sabiendo que cambiar de empleo no suele implicar un mayor respeto a la jornada legal.

         Lo anterior, sin mencionar las malas costumbres y los círculos viciosos, especialmente en el sector de servicios. Por ejemplo, un cliente mantiene a sus trabajadores en la oficina hasta las 10 PM, entonces molesta a sus proveedores hasta esa hora, aludiendo constantemente a la urgencia de algún servicio. El proveedor no quiere perder a sus clientes, y cumple con la petición, mientras que a la vez, mantiene a su personal buscando a otros proveedores hasta esas horas. De la misma forma, hoy en día los clientes tienen el teléfono celular del proveedor, y este tiene un medio digital para resolver; no importa si el personal está en la oficina, siempre se le puede contactar, y se hace borroso el límite entre la vida personal y el trabajo.

         También cabe considerar el mal diseño de las jornadas laborales. Comúnmente, se trabaja de 9 AM a 7 PM, con dos horas de comida en medio. El resto del día es levantarse, asearse, pasar tiempo en el tráfico, y regresar a casa a cenar, si es que hay suerte. ¿No sería más óptimo tener una jornada de 7 AM a 3 PM, o de 8 AM a 4 PM (las mismas ocho horas), y permitir a los colaboradores usar sus tardes en sus demás intereses? ¿Si lo hiciéramos, nos harían trabajar de 7 AM a 10 PM y sería contraproducente? Es urgente buscar una forma más práctica de trabajar, sin sacrificar el resto de nuestra vida y nuestra salud para mantenernos. El problema medular: ¿cómo empezamos?

Isak Haras: Pasante con carrera terminada en proceso de titulación, en Derecho y Relaciones Internacionales, originario de la Ciudad de México, con práctica en los sectores de atención jurídica corporativa y regulatoria, ex-ITAM (2016-21).