Por Isak Haras

Narra la Historia que en 1895, el científico neozelandés George V. Hudson presentó un artículo a un congreso de filosofía, sugiriendo que en determinadas temporadas del año, se cambiara el horario, para aprovechar la luz solar de mejor manera. Aunque se adoptó en algunas localidades en Canadá, no fue hasta 1916 que se formalizó  el horario de verano en un país entero. Alemania y Austria tomaron esta medida, en medio de la Primera Guerra Mundial, para procurar el ahorro de combustibles en el esfuerzo bélico, de manera que pudiera usarse el alumbrado natural con más eficiencia. De ahí en adelante, muchos países comenzaron a utilizar el horario de verano, bajo la lógica de que sería útil para ahorrar energía y reducir costos.

            Hoy en día, muchos órganos legislativos alrededor del mundo han cuestionado si vale la pena mantener la política de cambio de horario. Algunos países, como Estados Unidos, han impulsado hacer permanente el horario de verano, mientras que en otros lugares, las iniciativas prefieren eliminar el horario de verano, y preservar el horario de invierno, que es el que ha sido preponderante históricamente. El tópico es controversial, porque dependiendo de la vida cotidiana de cada ciudadano, hay intereses en juego que son inconmensurables. Por ejemplo, la gente que inicia su día en horas tempranas, suele preferir el horario de invierno para no comenzar su rutina en la oscuridad, mientras que las personas que empiezan y terminan su día a una hora posterior, generalmente prefieren contar con luz en la noche.

        México también ha comenzado a participar en el debate, con iniciativas legislativas para deshacerse permanentemente del horario de verano. Es posible que gran parte de la población mexicana no la considere como una discusión jurídicamente relevante, pero tiene efectos de salud que no han sido tan difundidos. Diversos expertos en la materia han reclamado que el cambio de horario estadísticamente tiene influencia en el aumento de problemas de salud, tales como las embolias, las enfermedades cardiacas, y los hábitos de sueño. El cuerpo humano alinea su reloj con el ciclo solar, e incluso durante el verano, los procesos hormonales permanecen acomodados al horario de invierno. Por ello, los especialistas médicos alegan que el cambio al horario de invierno es más benevolente que el movimiento de cada abril, y que se advierten menores padecimientos relacionados con el cambio de horario en el invierno.

            Es relevante que en México, la legislatura esté intentando remover el horario de verano, que fue artificialmente constituido, cuando en otros lugares del mundo, se hace lo contrario. Cabe enfatizar que, más allá de cuestiones económicas y energéticas, presionar por un cambio que haga permanente el horario de invierno es una cuestión de salud pública, y que en el largo plazo, no parece tener grandes efectos en cuestiones económicas o en el gasto eléctrico, como se pensaba que sucedería en 1996, primer año en el que existió el horario de verano en México. Igualmente, algunos analistas en materia de seguridad han considerado que el horario de verano causa mayores riesgos de seguridad pública en las mañanas, dado que agentes delictivos aprovechan la oscuridad matutina en el horario de verano para perpetrar delitos de forma más efectiva.

            En conclusión, el debate sobre el cambio de horario tiene más implicaciones de las que mucha gente imagina. Aunque es posible que habría una reacción negativa por parte de la población mexicana, las ventajas a largo plazo pueden ser trascendentes. La investigación médica internacional en la materia permite revelar que si México se inclina por aprobar alguna de las iniciativas legislativas para eliminar el horario de verano, habrá beneficios de salud a largo plazo, y tan solo ligeras afectaciones, que eventualmente no serán notorias.

Isak Haras: Pasante con carrera terminada en proceso de titulación, en Derecho y Relaciones Internacionales, originario de la Ciudad de México, con práctica en los sectores de atención jurídica corporativa y regulatoria, ex-ITAM (2016-21).