Por: Juan Manuel Ramírez Mendoza


No importa a donde se voltee, a donde se mire, el agua está en todas partes, pero cuidado, es un bien que cada día escasea cada vez más y más. La importancia del derecho al agua es fundamental, este derecho nos garantiza vivir, porque sin agua no podríamos subsistir en este planeta. La Constitución en su artículo 4º señala que:

“Toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible”.

Por otro lado, el 28 de julio de 2010, a través de la Resolución 64/292, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. La Resolución exhorta a los Estados y organizaciones internacionales a proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación y la transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a los países en vías de desarrollo, a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos. Al ser un derecho humano es importarte cuidarlo y poder garantizar que todas las personas tengan acceso a este derecho.

Por lo tanto, es importante que todos ayudemos a cuidar el agua y la calidad de esta, puesto que es una responsabilidad compartida y porque de esta manera participamos activamente en la garantía de nuestro derecho humano al agua potable y al saneamiento. En ese sentido, además de acudir a las instituciones competentes, podemos llevar a cabo acciones que, por pequeñas que parezcan, pueden tener un gran impacto y generar una cultura de conciencia, responsabilidad y solidaridad que realmente aportan al cambio, entendiendo que el derecho al agua entraña libertades y prestaciones:

El derecho al agua entraña libertades. Estas libertades están dadas por la protección contra cortes arbitrarios e ilegales; la prohibición de la contaminación ilegal de los recursos hídricos; la no discriminación en el acceso al agua potable y el saneamiento, en particular por razón de la clasificación de la vivienda o de la tierra; la no injerencia en el acceso a los suministros de agua existentes, especialmente las fuentes de agua tradicionales; y la protección contra las amenazas a la seguridad personal al acceder a agua o servicios de saneamiento fuera del hogar.

El derecho al agua entraña prestaciones. Estas prestaciones comprenden el acceso a una cantidad mínima de agua potable para mantener la vida y la salud; el acceso a agua potable y servicios de saneamiento durante la detención; y la participación en la adopción de decisiones relacionadas con el agua y el saneamiento a nivel nacional y comunitario

Es responsabilidad de todos garantizar el agua y su calidad. Si bien todos tenemos el derecho al agua potable y saneamiento, debemos participar a través de las instituciones y de nuestra conducta diaria para garantizar estos derechos. Reconocer formalmente un derecho humano al agua y expresar la voluntad de dar contenido y hacer efectivo dicho derecho, puede ser una manera de estimular a la comunidad internacional y a los gobiernos para que redoblen sus esfuerzos para satisfacer las necesidades humanas básicas.

 “No se aprecia el valor del agua hasta que se seca el pozo.”

Juan Manuel Ramírez: Egresado de la Escuela de Derecho perteneciente a la Universidad Iberoamericana. Soy un abogado con años de experiencia en litigio civil y mercantil. Me caracterizo por ser un profesionista eficiente y comprometido con mi labor como abogado.