Por: Mariana Aldrete Arellano.

La equidad de género ha sido un tema de mucha discusión durante los últimos años. Las mujeres han buscado ser parte de los ámbitos político, social y cultural a través del principio de la igualdad de género. No obstante, la lucha feminista para abrir el camino hacia la representación igualitaria ha sido compleja. El concepto de participación política de las mujeres debe verse reflejado de manera concreta y con acciones materiales que permitan la efectiva participación de mujeres y hombres en el ámbito político, legal, cultural y social de manera igualitaria. 

Según el Instituto Nacional Electoral La LXIV Legislatura del Congreso de la Unión, que fue integrada en el Proceso Electoral 2017-2018, resultó ser la más paritaria de la historia política mexicana. La cámara de diputados fue representada por 49.2% mujeres y el 50.8% de hombres. El Senado de la República en tanto, 51% de mujeres y 49% de hombres. También es relevante mencionar que, en la jornada electoral del 1° de julio del 2018, resultaron electas por primera vez dos mujeres para la gubernatura de la Ciudad de México y Puebla, ambas para los periodos de 2018-2024. Posteriormente, en las elecciones más recientes (junio 2021) fueron elegidas 6 gobernadoras, la cifra más grande en la historia de nuestro país.

La paridad de género ha alcanzado el ámbito constitucional, así como al congreso federal y a los congresos locales. Una vez que las instituciones gubernamentales han comenzado a implementar en papel los principios y acciones necesarias para llegar a la meta de la igualdad de representación, resulta evidente que el siguiente paso es trasladar la paridad de género objetiva hacia una paridad de género subjetiva, misma que, en consecuencia, pueda hacerse valer por sus titulares.

Tomando en cuenta lo anterior, debemos considerar que la participación política de las mujeres no sólo abarca su estancia en puestos de gobierno, sino que, debe representar un cambio en el liderazgo, participación y acercamiento con las gobernadas y gobernados, así como entre las diferentes instituciones gubernamentales en los tres niveles de gobierno. 

Las cuotas de género han sido definidas como “un mecanismo que busca fortalecer la equidad de representación”, empero, debemos entender que la implementación de estos mecanismos únicamente busca asegurar la proporción de las postulaciones de mujeres con la que deben cumplir los partidos políticos, dejando a un lado una serie de criterios que ponen en duda si este tipo de instrumentos en realidad lleva a las instituciones gubernamentales a quienes merecen un lugar dentro de las mismas. 

En este orden de ideas es cuestionable el funcionamiento de las mismas respecto a la formación académica y las aptitudes de nuestros representantes, lo que nos lleva a preguntarnos ¿Realmente se están eligiendo funcionarios públicos que tengan la capacidad de tomar decisiones acertadas, o en su caso, únicamente se busca cumplir con cuotas de género sin importar si quien ocupará el cargo está debidamente capacitado para hacerlo?

Por otro lado, el ejemplo más claro de la insuficiencia de las cuotas de género es el siguiente, muchas veces, el partido político en cuestión elige a una mujer para ocupar el cargo de representación correspondiente, posteriormente se le coacciona para dejar el mismo y como consecuencia su sustituto, un hombre, tomará el puesto, dejando insubsistente el objetivo del mecanismo mencionado. 

Es una realidad que las cuotas de género son un avance en nuestro país, y que, de cierta forma han logrado equilibrar la participación de hombres y mujeres en las instituciones gubernamentales federales, locales y municipales. No obstante, es claro que deben reestructurarse las reglas políticas, así como las políticas públicas para que este mecanismo no genere incertidumbre ni cuestionamientos como los anteriormente planteados. 

La equidad trae beneficios a todos, tanto gobernantes como gobernados. No debemos olvidar que el discurso de la paridad de género busca desvincular materialmente las acciones de nuestros representantes de las características físicas determinadas únicamente por el sexo. Debemos empezar a cuestionarnos si las cuotas de género realmente están cumpliendo su función o simplemente están tratando de llenar un vacío que no ha podido ser ocupado por una sociedad que sepa elegir a sus gobernantes por sus capacidades intelectuales y de gobernanza y no por sus características fisiológicas.

Mariana Aldrete Arellano: Abogada egresada de la Universidad Panamericana, especialista en materia de amparo y género, con experiencia en litigio penal y compliance. Comprometida con el desarrollo integral y libre de violencia de género de las mujeres, adolescentes y niñas de México.