Por Isak Haras

En 1942, la Suprema Corte de Estados Unidos decidió el caso Chaplinsky v. New Hampshire, en el que decidió que la incitación a la violencia no estaba protegida por el derecho a la libertad de expresión. Lo anterior es una clara demostración de que, sin importar lo que se valore este derecho en una sociedad, no puede ser ilimitado, porque como al igual que cualquier otro exceso, es peligroso. Este es un debate perenne en la vida diaria, pero suele volverse más mediático hoy en día, cuando la narrativa de medios de difusión cambia, como el caso de las redes sociales. En días recientes, se reportó una inminente operación trillonaria para que Elon Musk adquiriera Twitter, y como consecuencia, él anunció que habría cambios a las políticas sobre usuarios que han sido eliminados de la red.

         Lo anterior nos hace preguntar, ¿las redes sociales deben estar reguladas? Y de ser así, ¿cuál debe ser el alcance de la regulación? Hay argumentos en ambos lados de la discusión. Primero, el argumento de la libertad de expresión. No existe una forma objetiva de decidir cuáles contenidos deben ser censurados y cuáles no. Podría haber algunas políticas para evitar la incitación a la violencia, al genocidio o a perpetrar actos terroristas, pero ocasionalmente, la invitación que se realiza para este tipo de acciones no es tan evidente. Estos temas se politizan rápidamente, y es un hecho que la libertad de expresión no puede quedar a la merced de una agenda política, que permite únicamente los contenidos que favorecen la ideología de sus dirigentes. Ejemplo de ello es la eliminación de la cuenta de Twitter de Donald Trump, quien definitivamente acusó la existencia de un fraude electoral, pero no hizo un llamado expreso al Asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021; y de cualquier manera, Twitter tildó sus acusaciones de fraude como una convocatoria a la violencia de tal suceso, aunque es controversial si las alusiones de Trump constituyeron incitación.

         Por otra parte, está el argumento de regular las redes. Por supuesto, el problema sigue siendo quién califica lo que va contra las hipotéticas leyes en casos específicos, pero los jueces califican conductas polémicas diariamente, sea o no en redes. No se puede olvidar que las redes sociales son propiedad de empresas privadas, que pueden decidir sobre el enfoque que le quieren dar a las redes que son su propiedad, y es legítimo decidir cuáles son las reglas de lo que te pertenece; es como tener una casa y no permitir que tus invitados decidan cuáles son las reglas cuando te visitan. Pero al regular las redes, ya no versa sobre políticas internas, sino leyes. Esto tiene un efecto, porque permitiría que los usuarios tengan un recurso legal contra expresiones que consideren peligrosas, y no dependerían del sesgo de la compañía para definir si una expresión pone en riesgo su integridad. De la misma manera, la regulación reduciría la arbitrariedad de las empresas dueñas de las redes en borrar comentarios o cuentas solo por no convenir a sus intereses.

         La libertad de expresión parece una justificación pobre para permitir la incitación a la violencia en las redes sociales. El alcance que hoy en día pueden tener estos medios genera preocupaciones en la sociedad, de forma que ya no se puede mantener a las redes sin regular, ante un grado de polarización magno. Por supuesto, lo importante será regular la expresión en redes sociales, sin excederse; ser selectivos, incisivos y cuidadosos. Al igual que en Chaplinsky, la libertad de expresión no debe lavar las manos de quienes buscan vulnerar la integridad física o seguridad de otros. No se trata de limitar ideas políticas, sino de eliminar contenidos abiertamente promotores de actividades como el genocidio, pornografía infantil, reclutamiento terrorista, amenazas de muerte, entre otras. Es más seguro para los ciudadanos convertir la cuestión en un asunto legal, de lo que es dejarlo a merced de estructuras corporativas. Al final, la libertad de expresión tiene alternativas fuera de las redes sociales, pero los contenidos peligrosos en redes pueden bastar para poner en jaque la seguridad de la gente.

Isak Haras: Pasante con carrera terminada en proceso de titulación, en Derecho y Relaciones Internacionales, originario de la Ciudad de México, con práctica en los sectores de atención jurídica corporativa y regulatoria, ex-ITAM (2016-21).