Por Beka Avila

Hace unos días se filtró por la red favorita de nosotros los grillos, Twitter, una noticia que afirmaba la decisión del Congreso chileno para cambiar el término «mujer» por «persona menstruante». La noticia no tenía ningún tipo de contexto o información veraz y certificada. Sin embargo, eso no fue un impedimento para que tanto su servidora, como miles de usuarios bombardeáramos la red con nuestra humilde opinión. De la noticia entendí que en Chile ya no existiría el término “mujer” sino, persona menstruante.  (Entonces me perturbé, eso implicaría que en Chile la canción de Arjona se iba a llamar “Personas menstruantes” y la de Don Chente “Personas menstruantes divinas”). Ya en serio, me pareció gravísimo que un Estado decidiera nombrarnos a las mujeres como personas menstruantes. Ni las mujeres somos definidas por nuestra menstruación, ni todas las mujeres menstrúan, ni todas las personas que menstrúan son mujeres. Al final, la información veraz salió a la luz, básicamente entendí todo mal, y quedé en ridículo. De hecho, Chile está en aras de emitir una ley sobre gestión menstrual que pretende garantizar el derecho a una menstruación digna a sus ciudadanos.

El malentendido se dio porque un grupo de católicos mochos malversó la información y la usó en contra del proyecto. Resulta que la Ley pretende incluir a todas las personas con capacidad de menstruar en su regulación, y no solo a las mujeres, por ello se usará el término «persona menstruante» en la Ley. Es decir, en ningún momento Chile nombrar a las mujeres como personas menstruantes, sino que incluyó dentro de la menstruación a todas las personas que no sean mujeres y tengan periodos y excluyó a aquellas mujeres que no menstrúan (por favor, pónganme un emoji de payaso en la cara).  Independientemente del quemón que me di por andar compartiendo fake news antes de verificar la información, lo que más me impactó de todo este merequetengue fue la respuesta de la gente. Es increíble que en pleno siglo XXI, el populo siga creyendo que la menstruación es sinónimo de mujer. Yo me pregunto, ¿en qué categoría pone esta gente a las mujeres menopáusicas, a las niñas que no han tenido su período, a las embarazadas, a aquellas personas que sufran de cualquier trastorno menstrual [y literalmente no menstrúan] y por supuesto, las mujeres trans? Porque si las personas antes mencionadas no son mujeres porque no menstrúan, entonces ¿qué son?

Hacer de la menstruación la idiosincrasia de una mujer perpetúa la violencia de género, que de por sí, ya es bastante grave hoy en día. ¿Cuántos chistes, de muy mal gusto, dicho sea de paso, existen sobre menstruación? Me atrevo a jurar que a TODAS se nos ha atribuido algún momento emocional de nuestra vida al período. El día de hoy existe gente que afirma que las mujeres no somos capaces de adquirir ciertos puestos laborales porque menstruamos. Existen religiones que prohíben a las mujeres rezar cuando están en su período [o sea, ya ni para pedirle a Diosito que te quite los dolores].  Hace unos años, cuando estudiaba la secundaria, un padre presidió una conferencia, dirigida a puras mujeres, y afirmó que una mujer no puede ser sacerdote porque “como tenemos nuestros días” somos emocionalmente inestables, cómo si todos los sacerdotes que han abusado de menores no lo fueran.

Si bien, por años, por siglos, la menstruación ha sido atribuida como la conditio sine qua non de las mujeres, hoy ya no estamos dispuestas a aceptarlo. Hoy las mujeres somos más que seres menstruantes. Ya no aceptamos que nuestra capacidad de liberar óvulos cada mes, nos defina, o peor tantito, que la incapacidad de hacerlo, nos limite. Bastantes batallas hemos ganado como para seguir pagando la cuota de la menstruación.

P.D. Querido lector@, antes de twittear, verifique las fuentes y asegúrese que no sean fake news, la raza twittera es cruel, vil y, cual político sin aguinaldo, no perdona.

Beka Avila, egresada de la facultad de Derecho del ITAM.