Uno de los pilares de la democracia contemporánea es el derecho al voto, el cual tiene dos dimensiones: una positiva y otra negativa. La primera, hace referencia al acto de votar y, la segunda, al ser votado. En México, para poder votar o ser votado se debe ser ciudadano entre cuyos requisitos se encuentra contar con dieciocho años.[1] En este sentido, a partir de tal edad uno puede hacer pleno uso de su derecho al voto, sin embargo, un análisis de la faceta negativa muestra una situación diversa.

         Al ver los requisitos que se establecen para ser Diputado Federal o Senador de la República se aprecia que en el primer caso es necesario tener veintiún años cumplidos el día de la elección, mientras que, para Senador se debe contar con veinticinco años de edad.[2] La idea detrás de estos requisitos proviene desde el constituyente originario quienes buscaron establecer una edad suficiente para que los aspirantes fueran maduros y experimentados. Considero que la lógica que sirve como fundamento es contraria al ideal contemporánea de democracia.

         Dicho motivo carece de un sustento robusto que los justifique, basta ver las reformas a dichos requisitos los que, inicialmente, eran de veinticinco años Diputado Federal y treinta y cinco para ser Senador. Es justo su evolución histórica la que prueba la falta de motivos contundentes que evidencien que determinadas edades sean prueba suficiente para demostrar la existencia de madurez. Sirve preguntarse ¿Es posible que una persona de menor edad tenga más experiencia o madurez que alguien mayor a él? ¿Qué entendemos por madurez o experiencia para efectos de aspirar a ser representante popular? ¿Por qué veintiuno y veinticinco? ¿Cuáles fueron los parámetros para determinar la relación madurez/experiencia con las edades impuestas?[AEC1] 

         No obstante, considero que lo dañino o más preocupante de ver el requisito de la edad de esta forma es la idea implícita y prejuiciosa que la gente joven no es capaz, apta o suficiente para poder representar a los demás en la esfera legislativa. No hay que perder de vista que uno de los puntos esenciales de la democracia es la posibilidad de participar en el debate, tanto como votante como votado, y, presuponer que es necesario un grado de madurez o experiencia para poder ser votado es atentar contra ella y transformar algo que es de todos y para todos en algo de unos cuantos, por más que esos cuantos sean numerosos. Si lo que buscamos como sociedad es exigir un conocimiento mínimos a los aspirantes podríamos establecer requisitos como la implementación de un examen de conocimientos básicos o algún grado de estudio, pero con ello, distorsionaríamos el ideal democrático y seríamos todo menos una democracia.

         Esto, es justamente lo que sucede en el panorama actual, bajo un prejuicio que la edad es un indicador claro de madurez limitamos el ejercicio legítimo del derecho de participación política de un sector de la sociedad, situación inadmisible, sobre todo, si la premisa base carece de sustento objetivo y parte de visiones arcaicas. A efecto de robustecer mi punto basta ver lo que sucede en lugares como Australia, Belice, Canadá, Holanda, Sudáfrica, Suecia y Suiza en donde en la medida en que cumples con los requisitos para fungir como elector también puedes ser aspirante.[3]

         En conclusión, en la medida en que participas en los procesos democráticos como elector también deberías poder aspirar por los puestos de representación popular y no existe razón suficiente que justifique el establecimiento de determinada edad a partir de que cumpliste con los requisitos para poder votar que sirva para sostener tal limitante. Es justamente la idea de que todos podemos y elegimos a nuestros gobernantes la que hace de la democracia un modelo tan especial, limitarlo de forma prejuiciosa con base en la edad trastoca y deforma dicho ideal. Respecto de los aspirantes para puestos de representación popular no debe, ni hay mejor juez que evalúe la madurez, experiencia y razonabilidad de los candidatos que la ciudadanía misma.


[1] Artículo 34. Son ciudadanos de la República los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos:

  1. Haber cumplido 18 años, y

[…]

Artículo 35. Son derechos de la ciudadanía:

  1. Votar en las elecciones populares;
  2.  Poder ser votada en condiciones de paridad

[2] Artículo 55. Para ser diputado se requiere:

[…]

  1. Tener veintiún años cumplidos el día de la elección;

[…]

Artículo 58. Para ser senador se requieren los mismos requisitos que para ser diputado, excepto el de la edad, que será la de 25 años cumplidos el día de la elección.

[3] Enmiendas de 1973-1974 al “Commonwealth Electoral Act”. Sección 69, De los requisitos para ser miembro de la Casa de Representantes. Commonwealth Electoral Act 1918 (legislation.gov.au).

Artículo 57 de la Constitución de Belice. Capítulo De la Casa de Representantes. Belize / Belice: Constitution 1981 (georgetown.edu).

Artículo 3 del Apartado 1 de los Derechos Electorales y artículo 56 del Apartado 6 de los Candidatos. “Canada Elections Act”. Canada Elections Act (justice.gc.ca) Constitution of Canada | The Canadian Encyclopedia.

Artículo 68 de la Constitución Española. Del Título III, Capítulo Primero. Constitución Española | Senado de España.

Artículo 56 de la Constitución del Reino de Los Países Bajos. Capítulo 3 De los Estados Generales. The Constitution of the Kingdom of the Netherlands 2018 | Report | Government.nl.

Artículos 46 y 47 de la Constitución de la República de Sudáfrica. Capítulo 4 Del Parlamento. SAConstitution-web-eng.pdf (justice.gov.za).

The Instrument of Government. Capítulo 3. the-constitution-of-sweden-160628.pdf (riksdagen.se).

Artículo 136 de la Constitución Federal de la Confederación Suiza. Del Título IV, Capítulo I; artículo 143 de la Constitución Federal de la Confederación Suiza. Del Título V, Capítulo I. CC 101 Federal Constitution of 18 April 1999 of the Swiss Confederation (admin.ch).


Jaime del Puerto: Abogado apasionado por la justicia y las causas genuinas. Siempre abierto al diálogo y al debate.