Por Isak Haras

Durante siglos, los padres les han contado a sus hijos viejas y simpáticas leyendas de piratas, con algunos elementos comunes, como los parches en los ojos, las patas de palo, los pericos parlantes y las búsquedas de tesoros enterrados. Sin embargo, la realidad siempre ha sido muy distinta; los piratas son en general peligrosos delincuentes que robaban bienes, atacaban violentamente a barcos pasajeros y hacían enormes negocios de contrabando. En años recientes, se ha creado un nuevo concepto de “piratería”, que implica el robo y reproducción no autorizada de propiedad intelectual ajena para obtener lucro, a través de la venta de las copias creadas de los bienes. A principios del siglo, esto era más enfocado a la reproducción ilegal de películas, discos musicales, prendas de lujo, bolsos de marca o diseñador y otros objetos similares. En la actualidad, la piratería ha llegado a mercados digitales no regulados, que se prestan a estafas constantes y económicamente gravosas hacia consumidores. Uno de los nuevos mercados de la piratería es aquel de los tokens no fungibles (NFT, por sus siglas en inglés).

            Y bien, a manera de introducción, ¿qué son los NFT? Estos son activos virtuales, pero a diferencia de otros, como las criptomonedas, no son reemplazables por otros activos de su misma clase. Por ejemplo, un bitcoin es exactamente igual a otro bitcoin, y si dos propietarios de esta criptomoneda intercambiaran sus bitcoins, seguirían teniendo el mismo activo que inicialmente. Con los NFT, no es así; cada uno es distinto. Muchos NFT son imágenes digitales, como pinturas artísticas, videos, fotografías, que se encriptan para ser intercambiados en condiciones de mayor seguridad. No obstante, no es un secreto que el mundo tiene una gran cantidad de hackers, expertos en quebrantar la seguridad digital, que pueden intervenir en activos encriptados y robar su contenido. De la misma manera, el valor artístico de los NFT ha permitido que muchos proveedores hagan copias ilícitas de determinados contenidos visuales, y venderlos como si fuesen originales, por el valor que tendría el trabajo auténtico. Se ha acusado la venta de NFT basados en obras que nunca fueron autorizadas por sus creadores para ser comercializados como NFT.

            El mercado de los NFT ya es internacional, pero al ser novedoso, carece en lo absoluto de regulación, y se presta a enormes abusos contra sus participantes. La compraventa de estos activos se gesta a través de procesos bastante sencillos, pero el talón de Aquiles de estas transacciones es que su relativa sencillez también implica que las partes tienen escasa información sobre su contraparte, las credenciales de esta y el contenido de lo que podría estar comprando o lo que recibirá quien está vendiendo. Expertos en materia de seguridad de la información han realizado múltiples pruebas a los accesos de determinadas personas para demostrar que estas transacciones no son del todo seguras para los usuarios y participantes de ese mercado.

            Nos enfrentamos a una nueva era de la piratería: ya no se trata simplemente de utilizar propiedad intelectual ajena sin consentimiento de su legítimo titular, para obtener recursos, sino de un tipo de piratería que puede movilizar cantidades millonarias en cada transacción, a costa tanto de los consumidores como de los creadores del contenido. Además, se puede realizar piratería sobre bienes que ni siquiera se pueden apreciar con anterioridad a su compra. No es como la piratería de antes, en la que se vendían películas por cincuenta pesos cada una, o como cuando se podía ir a un establecimiento con el suficiente conocimiento para verificar si una prenda de moda era auténtica. Es de enorme urgencia regular los mercados de activos digitales con la rapidez posible para evitar que la piratería se pueda convertir en un delito más complejo, más dañoso para la sociedad, y que sea más sencillo identificar a sus responsables. La virtualidad ha permitido mayor facilidad para este tipo de crímenes, y el nuevo desafío de los legisladores es reunir la suficiente información para hacer un análisis holístico del problema, y resolverlo eficientemente.

Isak Haras: Pasante con carrera terminada en proceso de titulación, en Derecho y Relaciones Internacionales, originario de la Ciudad de México, con práctica en los sectores de atención jurídica corporativa y regulatoria, ex-ITAM (2016-21).