Por: Isak Haras

En dos columnas recientes, citaba algunos problemas relacionados con la legalidad en México. Uno de ellos, el nulo estado de derecho en el país, y en un artículo distinto, la posibilidad de comenzar a hacer efectivas las reglas de tránsito, para disminuir impuestos inconvenientes. Para este artículo, tomé el problema de las reglas de tránsito, y realicé un experimento social. Salí a dar una vuelta un domingo en la noche (probablemente, uno de los momentos más tranquilos para transitar durante la semana) por 40 minutos, en calidad de copiloto, y llevé una lista de sanciones por violaciones de tránsito. En esta lista, iba llevando la cuenta de las infracciones de tránsito que notaba, para muestrear cuanto está perdiendo la Ciudad de México por su incapacidad y falta de voluntad para sancionar estos ilícitos.

         Los hallazgos fueron terribles, pero no inesperados. Por 40 minutos en un momento en donde no hay muchos vehículos en la calle, observé que la Ciudad de México había perdido $121,477.75 pesos. Por supuesto, en ningún momento del trayecto, alguno de los infractores fue multado. Considérese que este experimento solo calcula las pérdidas que una persona, que solo puede estar en un solo lugar en cada momento, pudo observar. Ahora, aumentemos estas consideraciones a toda la ciudad, y a todo lo que no pude observar, además del hecho de que en horas pico entre semana, los resultados serían más fatídicos. La Ciudad de México debe estar perdiendo cientos de millones de pesos diarios por no invertir en la detección y cobranza de multas por infracciones de tránsito, además de que no genera incentivos legales para cumplir con un reglamento que está diseñado para mantenernos seguros en la vía pública.

         Ahora bien, ¿cuáles son las transgresiones más populares? No utilizar direccionales es tal vez la más frecuente, pero hay otras como no prender las luces al conducir de noche, estacionarse en zonas prohibidas y utilizar el celular mientras se conduce. Todas estas son conductas que pueden originar accidentes. Si los conductores fuéramos más racionales, entenderíamos que cumplir con las reglas es incluso favorable para nuestra propia seguridad y bienestar, sin que el costo de cumplir sea gravoso. Pero la racionalidad no ha sido suficiente para que cumplamos con las reglas. No hay un buen motivo para no cumplir las reglas de tránsito, pues en la realidad, son poco controversiales.

         Por lo que representan las reglas de tránsito, tampoco se requiere una inversión enorme para sancionar sus transgresiones. Muchos dispositivos automatizados pueden detectar las violaciones, y la mayoría no se prestan a interpretaciones diversas, por tener elementos cuantitativos u objetivos, como los límites de velocidad, la posesión de celulares en mano mientras se conduce, y dar vueltas sin la indicación pertinente. Además, estos costos son, por mucho, menores a la recaudación que se obtendría de las multas, entonces es conveniente erogarlos. Parece que la materia de tránsito no es importante ni para los ciudadanos ni para el gobierno, pues a pesar de que todos estaríamos mejor si las reglas se respetaran, ninguno de ambos grupos ha tomado medidas para ello.

         También trasciende el problema en la cultura de la legalidad. ¿Cuántas veces hemos conversado con alguien que presume con orgullo su irresponsabilidad como conductor? Te hablan sobre cómo iban a exceso de velocidad, sobre cómo evitaron por poco un accidente por dar una vuelta prohibida, sobre cómo llegaron más rápido por entrar a una calle en sentido contrario, entre otras cosas. Y todo ello, es ridículo. Es similar, incluso si en una dimensión menor, a que una persona hable con orgullo de cómo cometió un fraude o un robo. No debemos ignorar que los accidentes de tránsito pueden ser fatales o pueden causar lesiones irreparables a otras personas, y por ello, el reglamento de tránsito no es trivial.

         Hacer cumplir el reglamento de tránsito no es difícil, caro, ni generaría afectaciones reales a la ciudadanía, solo obligaría a tener más paciencia y respeto. Perpetuar el círculo vicioso que los capitalinos tenemos al manejar un vehículo no tiene sentido. Es hora de que respetemos las reglas, porque tampoco queremos ser las víctimas de su inobservancia, y que el gobierno encuentre la forma de hacerlas cumplir.

Isak Haras: Pasante con carrera terminada en proceso de titulación, en Derecho y Relaciones Internacionales, originario de la Ciudad de México, con práctica en los sectores de atención jurídica corporativa y regulatoria, ex-ITAM (2016-21).