Por Isak Haras


En 2012, la Secretaría de la Función Pública lanzó un concurso, para encontrar los trámites más inútiles a nivel federal, local y municipal. Los hallazgos fueron que los trámites más innecesarios son los relacionados con la entrega de medicamentos en el IMSS, los procesos de aclaración de actas de nacimiento y las constancias de residencia. Sin duda, muchos trámites son importantes, pues permiten mantener control sobre diversas actividades, que bajo determinadas circunstancias, pueden perjudicar a la colectividad. El problema surge cuando un mismo fin requiere cientos de trámites distintos, y muchos de ellos no tienen siquiera un objetivo claro para la finalidad buscada por el ciudadano. Esto lleva incluso a los ciudadanos más legalmente ortodoxos a numerosos incumplimientos, y por lo consiguiente, a que las autoridades pierdan algún grado de interés en investigar y sancionar transgresiones a la ley, por el enorme volumen de incumplimientos, sin poder distinguir aquellos que realmente cuentan de los que son “mero trámite”.

Casi todos hacemos trámites ante alguna autoridad pública. Es parte de la vida cotidiana, y tenemos necesidades que el gobierno tiene que atender. Sin duda, la mayoría de los trámites fueron diseñados para atender algún problema que la sociedad identificó, pero el problema es que una buena parte no están adecuadamente regulados, y entonces, crean gravámenes para quien no se encuentra en los supuestos que se buscaban controlar. Conservar el Estado de Derecho no es una tarea fácil, pero sin duda es mucho más difícil cuando los ciudadanos tienen demasiadas obligaciones y ocasionalmente, sin total visibilidad de su existencia o su modo de cumplimiento.

¿Y cuáles son las formas en las que podemos hacer los trámites más efectivos? Una muy evidente es tener leyes y reglamentos más claros. Todas las leyes y reglamentos que contienen trámites hacen mención de permisos, autorizaciones, avisos, etc. Pero no existe un solo cuerpo normativo en México que le dé claridad al ciudadano. ¿Es mucho pedir que los legisladores y reguladores no inventen trámites sin saber cómo los van a implementar? ¿Qué tal un artículo de ley que siga el siguiente modelo?:

1. La actividad x requiere una autorización/licencia/trámite y.

2. Para poder solicitar y, se requiere contar con z1, z2, z3… (incluir todo, no solo lo genérico, y especificar que no hay más requisitos que estos).

3. Para solicitar y, el interesado deberá acudir a las oficinas de la autoridad n/entrar al portal digital n.

4. El tiempo de respuesta de y será de d días.

5. La vigencia de y será por v meses/años.

6. El costo para obtener y será de c pesos.

Los datos anteriores son los que a la mayoría de la gente le interesa saber. Las leyes y reglamentos pueden ser muy incisivas en los procesos que la autoridad debe llevar, y eso es bueno, pero es un criterio orientador para una autoridad que debería saber ejecutar sus responsabilidades. Por otra parte, la normatividad suele ser omisa en la parte que le corresponde al ciudadano. Por supuesto, habrá muchas circunstancias particulares a cada caso que las autoridades no puedan prever, pero también hay un enorme margen de mejora regulatoria, con la finalidad de simplificar la carga para el ciudadano y evitar el excesivo, parsimonioso e innecesario reflujo burocrático.

Una sociedad con reglas más claras es, por excelencia, una sociedad más cumplida, o por lo menos, una sociedad con mejores probabilidades de ser cumplida. Un gran número de los incumplimientos con trámites no radica en la mala voluntad de los ciudadanos, sino en la falta de conocimiento de cómo cumplir, en la poca accesibilidad de información para satisfacer obligaciones, o incluso el desconocimiento total de que se está incumpliendo una obligación. Cuando hay mejor información disponible, y los trámites para lograr una finalidad no son tan desgastantes, la sociedad tiene mejores incentivos para apegarse a la legalidad. De lo contrario, seguiremos hundidos en la burocracia interminable y a la mitad del camino de la anarquía.

Isak Haras: Pasante con carrera terminada en proceso de titulación, en Derecho y Relaciones Internacionales, originario de la Ciudad de México, con práctica en los sectores de atención jurídica corporativa y regulatoria, ex-ITAM (2016-21).