Por Isak Haras

En 2003, un colaborador del afamado periódico The New York Times llamado Jayson Blair, fue descubierto tras crear decenas de historias falsas, fabricar las entrevistas que publicaba, y plagiar pequeños extractos de otros diarios para hacer ver a sus historias como periodismo serio. Blair renunció a su cargo, y tarde o temprano, fue autor de un libro que vendió miles de copias, generando admiración, aplausos de los críticos, y alabanzas. La memoria de Blair parece ser una apología por parte del autor, en el que culpa a los directivos del diario y a prácticas racistas por sus propias acciones, y sin tomar responsabilidad alguna por malinformar a la gente en múltiples ocasiones.

         La prensa, a nivel internacional, tiene un enorme nivel de credibilidad. En el idea del derecho de prensa, esta última tiene la carga de denunciar los abusos del poder, de exponer lo que está mal, de evitar la secrecía de los asuntos públicos cuando se esconde lo que todos tenemos derecho a saber. Sin embargo, se olvida frecuentemente que las compañías de prensa son, ante cualquier otra cosa, negocios, con accionistas, con fines de lucro y con líderes que tienen intereses ideológicos. No se trata de exponer la verdad, sino -una- “verdad”, que está fuertemente influenciada por grupos de interés políticos y por el grueso de los sectores de lectores de cada medio. Como cuestionaba el emblemático personaje de ficción Ron Burgundy en el filme de comedia Anchorman 2: The Legend Continues, ¿para qué decirle a la gente lo que tiene que escuchar, si mejor podemos decirles lo que quieren escuchar?

         ¿Han accedido al portal de CNN y al de Fox una misma mañana? Las notas incluyen muchos temas distintos entre una y otra plataforma, y el planteamiento de notas de alta relevancia es completamente opuesto. Ambos venden opiniones políticas como verdades objetivas, y estos medios solo son un microcosmos del universo de medios de comunicación, pues la objetividad aparentemente ha dejado de ser trascendente, para ser sustituida por un sesgo editorial estrictamente comercial, que admite exageraciones, sensacionalismo e incluso mentiras manifiestas, como en el caso de Blair. Entonces, ¿la libertad de prensa se ha reducido meramente a la libertad del periodista de expresarse o aún tiene algún grado de responsabilidad de decir la verdad?

         Y regulatoriamente, ¿cuáles son los costos con la libertad de prensa? Pues, nada más que elegir entre dos males necesarios: un gobierno que puede censurar lo que le convenga, aduciendo que determinados datos no son veraces, o por el lado contrario, una prensa que dice solo lo que le conviene decir, está dispuesta a mentir por vender, y no ejerce la profesión con las responsabilidades que conlleva. Por supuesto, no todos los periodistas mienten ni son amarillistas, pero aceptar la libertad de prensa también es aceptar que algunos lo harán. Situación complicada para la sociedad: ¿preferimos que nos mientan o que nos escondan la verdad?

         Claramente, entonces, regular a la prensa no es una opción, pues da demasiado poder a los gobiernos, y tiene nulos incentivos a la transparencia e incluso al buen comportamiento. Lo que se necesita es recordarle a la prensa que no tiene valor si únicamente les habla a sus lectores de confianza. Por supuesto, los medios de comunicación son negocios y no hay un problema con que lucren con sus notas, pero sí lo hay cuando su único objetivo es económico y olvidan la gran carga de ser fidedignos. Una prensa restringida por leyes solamente conviene a quienes apoyan al poder en turno, y deja de convenir una vez que hay alternancia o se crea antipatía por el liderazgo vigente. E igualmente, los ciudadanos podemos hacer poco, pero nuestro lugar es dudar de todo, cuestionar, estar dispuestos a recibir dosis inconvenientes de realidad y no asumir que los políticos por los que sentimos mayor simpatía siempre están bien, o que aquellos que repudiamos son por completo malos.

Isak Haras: Pasante con carrera terminada en proceso de titulación, en Derecho y Relaciones Internacionales, originario de la Ciudad de México, con práctica en los sectores de atención jurídica corporativa y regulatoria, ex-ITAM (2016-21).